EL SUBCONSCIENTE TAMBIÉN CUENTA: EL SURREALISMO

El Surrealismo trata de mostrar el mundo de los sueños, de descubrir la cara oculta del subconsciente. Ya dijo Breton, el autor del manifiesto surrealista: “Creo en el encuentro futuro de esos dos estados, en apariencia tan contradictorios, como son el sueño y la realidad, en una especie de realidad absoluta, de surrealidad”. Este fenómeno cultural apareció en los primeros años del siglo XX, y afectó al mundo de la pintura, al cine, la fotografía, el teatro y la poesía. El resultado es un mundo aparentemente absurdo, ilógico, en el que los pensamientos escapan al dominio de la razón.

Y aquí entra la que es considerada la primera filmación surrealista: “Un perro andaluz”1929. Este corto de 17 minutos, de imágenes aparentemente inconexas, fue firmado por Luis Buñuel, en colaboración de su amigo Salvador Dalí. En la cinta no se observa ningún perro y, que se sepa, tampoco ningún andaluz, es más se desarrolla en un espacio desconocido, no imprime ninguna connotación personal a los protagonistas y tampoco ningún dato que nos muestre el tiempo en que se desarrolla. He aquí otra de las bazas con las que juega: no hay tiempo, hay saltos, zancadas abismales en las que no se intenta ver a donde ha ido uno a parar, por ejemplo, el protagonista vuelve a la infancia sin cambiar en apariencia cuando es castigado con cargar los brazos con libros. las imágenes aparecen como en los sueños: inconexas, representando miedos interiores, paisajes imposibles y evocaciones sexuales, en fin, pulsiones freudianas.

Todos los avances en la narración cinematográfica que habian surgido hasta entonces se ven cuestionados, o mas bien, utilizados pero no para el mismo fin para el que se utilizaban hasta entonces sino para “crear” una “realidad” totalmente distinta. Es patente el método consciente de ruptura de la continuidad o raccord entre los distintos planos de la película, tanto en el plano del espacio como en el del tiempo, cuyo ejemplo más visible es la ostentosa heterogeneidad de los sucesivos intertítulos: «Érase una vez», «Ocho años antes», «Hacia las tres de la mañana», «Dieciséis años antes», «En primavera».

Así bien dijo Buñuel que esta mirada loca nació de la confluencia de dos sueños, uno suyo y otro de Dalí, una cuchilla de afeitar que corta un ojo y una mano llena de hormigas, respectivamente. Si bien la filmación dura bastante poco, no son pocas las imágenes que se quedan grabadas en nuestro subconsciente:

– Un señor afila una navaja y observa la luna llena.
– Las nubes tapan la luna. La navaja se hunde en el ojo de una mujer.
– Un personaje de aspecto andrógino es atropellado por un coche y otro, después de observar la desgracia, agrede sexualmente a una mujer.
– Dos curas (uno de ellos es Dalí) aparecen atados a un piano sobre el que descansan dos burros putrefactos.
– Después de un paseo por la playa, dos amantes aparecen semienterrados en la arena, cubiertos de insectos.

Estas y otras escenas hacen que esta película se vea entre el asombro y la carcajada, teniendo siempre en mente una pregunta: “pero… ¿qué estoy viendo?”. Es que no hace falta dotar de racionalismo a las imágenes, tan sólo hay que dejarse llevar, esperar que afloren los sentimientos y, una vez visionada la película, olvidarla, si es que uno puede.

¿Qué hay de surrealismo en las imágenes? En primer lugar se observa la constante metamorfosis de los objetos, un cambio de estado, lugar y forma (recuérdense los famosos blandos relojes de la obra de Dalí “La persistencia de la memoria”). En la película: un hombre encuentra el vello de una axila suya en lugar de su boca. ¿Qué más? Las relaciones, las simbiosis, las continuas catarsis: así, la luna se convierte en ojo y una nube en navaja que corta la luna.

La segunda película de Buñuel también puede considerarse surrealista: La edad de oro, de 1930, si bien las demás abandonaran en parte la ortodoxia, aunque siempre mantienen un pulso con lo inconsciente que aflora continuamente.

La influencia posterior del surrealismo es muy grande, aunque siempre de la mano del cine menos comercial, directores como David Lynch le deben mucho, aunque curiosamente puede rastrearse su pervivencia hasta incluso en determinado tipo de humor delirante y surreal de gran exito.

Aquí puedes ver un corto de David Lynch, The Alphabet (1968)

Y aquí tal vez te sorprendas, pero una secuencia de “Aterriza como puedas” (1980)

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~ por cineojo en noviembre 24, 2007.

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